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94 Pág. Escritores Juan Carlos Merino

 

Esperando que no se notara mi estado actual de crispación somnolienta, le relaté con brevedad mi trayectoria profesional.

—¿Y qué crees que puedes aportarnos?  —me dijo después.

“Nada, suelo ir bebido a currar y soy el rey del escaqueo”, por supuesto, esa no fue la respuesta que le di.

—Pues, capacidad de trabajo, profesionalidad y  bla, bla, bla...

Tras un par de preguntas igual de triviales, mi amigo Federico permaneció un par de segundos pensativo.

—La verdad es que creo que encajas en el perfil que buscamos, te veo una persona capacitada para cubrir el puesto —dijo con importancia—. Verás, ahora mismo estamos buscando a una persona para cubrir un puesto de cocina para los días veinticuatro y veinticinco, por el tema de las fiestas, ya sabes.

—No puede ser verdad  —pensé.

—Pero en el caso de que trabajes bien —prosiguió de buen talante—, es muy posible que también te necesitemos para el resto de las fiestas...

“¡Yo a éste tío lo mato!”

—Muchas gracias pero no me interesa  —me atraganté al decirle.

De camino a la estación de tren, rebusqué en mis pantalones, en busca del trozo de papel donde llevaba apuntado el anuncio publicado en una web de empleo.

Se busca administrativo para centro de ocio, con don de gentes, conocimientos informáticos y buena presencia. Preferiblemente con idioma inglés.”

 

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